martes, 23 de febrero de 2010

POEMA 1

POEMA 1
(Pablo Neruda)

Poema 1
Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos,
te pareces al mundo en tu actitud de entrega.
Mi cuerpo de labriego salvaje te socava
y hace saltar el hijo del fondo de la tierra.

Fui solo como un túnel. De mí huían los pájaros
y en mí la noche entraba su invasión poderosa.
Para sobrevivirme te forjé como un arma,
como una flecha en mi arco, como una piedra en mi honda.

Pero cae la hora de la venganza, y te amo.
Cuerpo de piel, de musgo, de leche ávida y firme.
Ah los vasos del pecho! Ah los ojos de ausencia!
Ah las rosas del pubis! Ah tu voz lenta y triste!

Cuerpo de mujer mía, persistirá en tu gracia.
Mi sed, mi ansia sin limite, mi camino indeciso!
Oscuros cauces donde la sed eterna sigue,
y la fatiga sigue, y el dolor infinito.

lunes, 22 de febrero de 2010

TEMARIO EXAMEN INTERNO

Qué tal, les dejo el temario para su primer examen interno:
Bellas artes
Literatura
Lectura
Cómo nace un texto literario
Lenguaje denotativo y connotativo
Géneros literarios: narrativo, dramático y lírico

jueves, 18 de febrero de 2010

Una paginita

Dicen que el verbo leer no acepta imperativos y yo creo que eso es cierto. Odiaría dejarles muchas cosas que leer en esta clase, pero sí quisiera que ustedes se metieran a los cuentos, poemas o novelas por su cuenta.
Por eso les dejo esta paginita que igual les ayuda a varios en sus proyectos. Den clic AQUÍ y naveguen en ella, hay muchas cosas que valen la pena.

lunes, 15 de febrero de 2010

CONTROL DE LECTURA 2

CHIN CHIN EL TEPOROCHO
Armando Ramírez

(Fragmento)

Esa noche, eran como las ocho, en la casa hacía mucho calor, era el mes de abril, salí a la calle ahí estaban mis amigos recargados contra la pared: Eucario, Tatay, El Calzón, mi hermano Carlos y otros más, tenían un tocadiscos de baterías y oían a Juan Manuel Serrat cantar: “Caminante no hay camino/ se hace camino al andar/ Al andar se hace camino/ y al volver la vista atrás/ se ve la senda que nunca/ se ha de volver a pisar”. Le pido un cigarro a Tatay, me ofrece el fuego, aspiro con fuerza, luego expulso suavemente por la boca y la nariz el humo voluptuoso que melancólico asciende en espiral hasta la atmósfera de esta mi ciudad de los palacios, en donde se confundirá con los gases de la refinería de Atzcapozalco, de las calderas de los baños públicos de mi barrio, de los escapes de los automóviles que con el motor hirviendo por culpa del intenso tráfico que a esta hora ahoga al centro de la ciudad y la flacidez de la batería que se ha estado desgañitando a bocinazos en un intento desesperado por abrirse paso por entre mis calles grises que se cubren coquetamente con su sombrero de smog. Por mis adentros me digo -ese Serrat trai buena onda- luego mi pensamiento vuela silencioso y se posa con delicadeza en Laura -hoy no iré a verla, hoy no caldearé, ni modo-. Como estaba en la luna pensando en Laura -mi noviecita del alma- no me di cuenta cuando El Tatay se me acercó y me dijo “vas maestro chupa limón” muy a lo lejos. Oí su voz pero logré captar la onda y rápidamente le conteste “pasajeros al trenecito de Chapultepec” y así nos la fuimos pasando hasta que se nos acercó un Teporocho: de barba rala, de frente brillosa de mugre, de manos hinchadas y uñas crecidas con mugre en las comisuras, al caminar rengueaba de la pierna derecha, su ropa raída y pesada por la mugre que se ha ido acumulando a través de los meses de intensas borracheras diarias y noches de vigilia producto de esa sed espantosa, que en la madrugada al despuntar los primeros rayos de sol por entre los gigantes de acero, concreto y vidrio lo hacía levantarse del frio suelo de la banqueta del callejón, en donde se acostaba a la intemperie para ir en busca de la señora enrrebozada que expendía en su vivienda café negro y hojas de naranjo con su chorrito de alcohol de noventa y seis grados.Se me quedo viendo el Teporocho y luego muy decidido me pide “pasa un tren”, se lo doy y comienza a aspirar macizo, aguanta la respiración y que comienza el cotorreo, ahí todos agarramos la onda y de repente que nos vamos de viaje a visitar a todas las galaxias habidas y por haber, pero, como siempre, regresamos. El Teporocho danzaba que daba gusto, le ejecutaba chiro a la danza, al compas de The Rolling Stones estuvo danzando hasta que se cansó, rápido, tendrá como unos veinte años o treinta o cuarenta o cincuenta o mil años o quién sabe con eso de que se dan “mala vida”. El cotorreo era efectivo por eso nadie vio cuando el Teporocho se piró, sólo yo lo vi, sólo yo lo seguí, sólo yo lo alcancé y como que le influí confianza porque luego luego agarramos plática:
-Sabes qué ñero, te voy a contar mi vida ¿te pasa?-Va jugando, acepté.
-Pero a ver si te la alcanzo a contar -me advierte- de aquí hasta donde le voy a caer a dormir.-Sí, nomás le cortas los pedazos aburridos y sin interés para ti -sugerí.
-Okey maguey, así sí nos alcanza, al fin que ni está lejos, ni esta cerquita, es una cosa media, en donde me acuesto.
-¿Pues en dónde duermes?
-En el callejón de “salsipuedes”.
-¡Ah!


¡ATENCIÓN TERCERA LLAMADA, TERCERA LLAMADA COMENZAMOS!¡ACCIÓN CÁMARA CORRE PEL. . . perdón, CORRE NOVELA!Y comenzó a contar con voz vaciada a veces, otras con voz cansada, siempre con voz quedita y casi nunca con ira. Muy buenas noches muy buenos días muy buenas tardes querido lector (a) (bueno eso no importa, mira dejémonos de convencionalismos y demás sandeces que aquejan a esta mi sociedad).
“NOTA, para el poco respeto que se le tiene al lector, (a): las omisiones, errores y demás defectos que le encuentren a esta “mi obsesión” échenle la culpa al AUTOR.Es que saben, estaba borracho de realidad, creo que hasta le quería dar una congestión realista, pero pierdan cuidado ya se está restableciendo de esta dolorosa, gacha y a la vez penosa enfermedad, que por mal nombre se le conoce como ¡VIDA!¡QUIUUUBOLE LECTOR (A)!


Mira cuate, amigo, mano, ñero, maestro o como te digan, yo te voy a contar mi vida, pero para que puedas captar mi existencia necesitas, antes de leerme, hacer cualquier cosa, lo que sea, para que te des cuenta cabal de lo que ha sido mi vida, puedes fumarte un efectivo cigarro o tomarte un buen trago de Teporocha o haz el amor, mi hermano hombre, mi hermana mujer.
Borracho yo he nacido
borracho y he crecido
y sé sinceramente que
borracho he de morir
(canción popular mexicana de Felipe Valdez L.; canta: Javier Solís)
Al llegar a la fiesta me recibe Rubén, me invita a tomar una cuba, mientras va por ella, echo una mirada a mí alrededor, todos bailan, parejas de jóvenes de mi edad dieciocho o veinte años en medio de un gran ambiente de música afro-cubana. Mis ojos tropiezan con una linda figurita, le miro las piernas son largas y bien torneadas, llevaba pantimedias de color ópalo, fui subiendo lentamente la vista y vi una minifalda con ancho cinturón que cae sobre las amplias caderas, luego un busto elegante que se remarca a través de la blusa transparente y paso al cuello delicado erguido de gran tersura y cuando hube llegado a los ojos, siento una descarga eléctrica, me están viendo los ojos más hermosos que he visto en mi vida, bajo la cabeza, siento enrojecer, no puedo resistir y de nuevo vuelvo a mirarla, me sonríe, siento un gran alivio, es en ese momento en que llega Rubén.
-Ten, tú me dices si esta fuerte.
-Mmm, no, está bien así.
Oigo las notas musicales de la siguiente pieza que salen de una consola punto azul estereofónica, alta fidelidad, frecuencia modulada con tocadiscos garrad y aguja de diamante, me dirijo hacia donde está la muchacha de la linda figurita para sacarla a bailar. Al llegar junto a ella, al sentirla muy cerca de mí, siento como el corazón se me comienza a desbocar. Ya frente a ella le extiendo la mano, invitándola a bailar, me sonríe... pero ¡oh!, qué desgracia, otra mano más veloz me ganó, la veo pasar junto a mí, aspiro el suave perfume tan agradable y embriagador como ella.
-Ven, mira, ya llegaron Gilberto y Víctor -me dice Rubén, al tiempo que me jala del brazo, nos dirigimos a la cantina improvisada, que está instalada al fondo del departamento, donde ya se encuentran Gilberto y Víctor, observo como tienen una buena dotación de cubas y cervezas.
-Ven Rogelio ¿qué hacías allá solo? -me interroga Víctor.
-Es que iba a sacar a bailar una muchacha.
-Deja a las muchachas, y vente a libar, que mujeres van y vienen, no así el vino -replica Gilberto.
Me dan una cuba, una cerveza, otra cuba, otra cerveza
. . . . . . ya llevo cuatro cubas y cuatro cervezas...
. . . . . . ya llevo pues ya no no… sé, ya perdí la cuenta ahora sacan una botella de tequila que ni me raspa, miro alrededor me dirijo hacia … hacia donde estaba la linda figurita, mientras camino siento… siento que las personas se me cruzan y las cosas se me cambian de lugar y que el piso se mueve, siento por momentos que pierdo el equilibrio, por fin llego hasta donde estaba ella pero ya no está, se ha ido, doy la vuelta veo un sillón en el cual me dejo caer pesadamente.
A la mañana siguiente siento un dolor de cabeza y un malestar en el estomago, me acuerdo de la linda figurita... pienso que fue un sueño.
Ese mismo día, en la tarde, nos volvimos a reunir en la tortería. Víctor y yo fuimos a nuestra casa a decirles porque no llegamos anoche, según nosotros porque trabajamos horas extras en la noche.
¡Ah! me olvidaba presentarles a Víctor, es mi primo carnal y vivo en su casa con sus padres, mi tío, hermano de mi papa, me recogió cuando quede huérfano a la edad de ocho años, bueno eso me dijeron mis tíos. Los dos trabajamos en una compañía de supermercados de accionistas gringos judíos, yo estoy empleado en una unidad del norte de la ciudad, por la colonia Lindavista, allá por el cerro de la Villa donde se encuentra la basílica de la virgen de Guadalupe, ese monstruoso monumento que se ladea poco a poquito, día a día, segundo a segundo, en un hundimiento paulatino al estilo de la torre de Pisa.
Sentado junto con nosotros, comiendo una torta de jamón y un vaso de tepache, estaba también Gilberto, nuestro amigo. Él trabaja en una fábrica de artículos eléctricos, ahí donde él trabaja hay muchas cosas raras que no logro explicarme, por ejemplo como: ¿si el salario mínimo es de veintiocho pesos con cincuenta centavos diarios, por qué le pagan veinte pesos diarios? Y peor todavía es que está sindicalizado y es el mismo sindicato, afiliado a la Central de trabajadores Mexicanos, que los contrata por un sueldo por debajo del mínimo y los manda a una de las fabricas afiliadas a ellos, después de cobrarles su cuota, dizque para gastos de papeles, siendo ésta mucho más alta de la que puedan tener en ese tipo de gastos en el sindicato. Este Gilberto vive con su mamá, tiene cuatro hermanos más (una niña y tres niños), él es el más grande y el que ayuda al sostenimiento de la casa, no tienen papá, se fue con otra mujer hará como tres años.
También está sentado con nosotros Rubén, el último de los mosqueteros. Él vive solo, tiene un buen empleo dentro del gobierno y ustedes saben eso que dice más o menos así: “Yo entro a trabajar en el gobierno hasta de barrendero, ahí están los pesos”.
Después de curárnosla con vasos de tepache y tortas con harto chile chipotle, los cuatro mosqueteros quedamos de vernos hoy en la tarde para ir a una tardeada.—¿Ya estás listo, primo?
—Sí, primo
—Pues vámonos
—¿Ya les dijiste a mis tíos que vamos a llegar un poco tarde?
—Sí, hombre, vámonos.

martes, 9 de febrero de 2010

Un video

Les dejo un video, espero sus comentarios

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lunes, 8 de febrero de 2010

CONTROL DE LECTURA 1

La debutante
Leonora Carrington

En la época que fui debutante, solía ir a menudo al parque zoológico. Iba tan a menudo que conocía más a los animales que a las chicas de mi edad. Era porque quería huir del mundo, por lo que me hallaba a diario en el zoológico. El animal que mejor llegué a conocer fue una hiena joven. Ella me conocía a mí también. Era muy inteligente. Le enseñé a hablar francés y a cambio ella me enseñó su lenguaje. Así pasamos muchas horas agradables.
Mi madre había organizado un baile en mi honor para el primero de mayo. ¡Lo qué sufrí durante noches enteras! Siempre he aborrecido los bailes; sobre todo los que se daban en mi honor.
La mañana del uno de mayo de 1934, fui muy temprano a visitar a la hiena.
—¡Qué asco! —le dije—. Esta noche me toca asistir a mi baile.
—Tienes suerte —dijo ella—; a mí me encantaría ir. No sé bailar, pero en cambio sabría mantener una conversación.
—Habrá muchas cosas de comer —dije—. He visto llegar a casa carros repletos de comida.
—Y aún te quejas —replicó la hiena con desaliento—. Mírame a mí: yo sólo como una vez al día, y me tienen jeringada con tanta bazofia.
Se me ocurrió una idea audaz; estuve a punto de echarme a reír.
—No tienes más que ir en mi lugar.
—No nos parecemos lo bastante; si no, con gusto iría —dijo la hiena un poco triste.
—-Escucha —dije—, con las luces de la noche no se ve muy bien. Con que te disfraces un poco, nadie se fijará en ti en medio de la multitud. Además, tenemos casi la misma estatura. Eres mi única amiga; anda, hazlo por mí. Por favor.
Se puso a pensar en esta posibilidad. Comprendí que estaba deseosa de aceptar.
—De acuerdo —dijo de repente.
No había muchos guardianes cerca, dado lo temprano de la hora. Abrí rápidamente la jaula, y en un instante estuvimos en la calle. Llamé un taxi. En casa, todo el mundo estaba aún en la cama. Una vez en mi cuarto, saqué el vestido que debía ponerme por la noche. Era un poco largo, y la hiena andaba con dificultad con mis zapatos de tacón alto. Encontré unos guantes con que ocultarle las manos, demasiado peludas para parecerse a las mías. Cuando el sol iluminó mi habitación, la hiena dio varias vueltas alrededor, andando más o menos derecha. Estábamos tan ocupadas que mi madre, que entró a darme los buenos días, estuvo a punto de abrir la puerta antes de que la hiena se escondiera debajo de la cama.
—Esta habitación huele mal —dijo mi madre, abriendo la ventana—; antes de esta noche date un baño con mis nuevas sales.
—Por supuesto —le dije.
No se entretuvo mucho. Creo que el olor era demasiado fuerte para ella.
—No te retrases para el desayuno —dijo al irse.
Lo más difícil fue encontrar un disfraz para la cara de la hiena. Estuvimos buscando horas y horas: rechazaba todas mis sugerencias. Por fin dijo:
—Creo que he encontrado la solución. ¿Tenéis criada?
—Sí —dije, perpleja.
—Pues verás: vas a llamar a la criada; cuanto entre, nos lanzamos sobre ella y le arrancamos la cara; llevaré su cara esta noche en lugar de la mía.
—No lo veo muy práctico —dije yo—. Probablemente se morirá en cuanto pierda la cara: alguien encontrará su cadáver, y nos meterán en la cárcel.
—Tengo la suficiente hambre como para comérmela —replicó la hiena.
—¿Y los huesos?
—También —dijo—. ¿Te parece bien?
—Sólo si me prometes matarla antes de arrancarle la cara. Si no, le va a doler demasiado.
—Bueno, eso me da igual.
Llamé a Marie, la criada, no sin cierto nerviosismo. Desde luego, no lo habría hecho si no odiara tanto los bailes. Cuando entró Marie, me volví de cara a la pared para no verlo. Debo reconocer que no tardó nada. Un breve grito, y se acabó. Mientras la hiena comía, estuve mirando por la ventana. Unos minutos después, dijo.
—Ya no puedo más; aún me quedan los pies, pero si tienes una bolsa, me los comeré más tarde, a lo largo del día.
—En el armario encontrarás una bolsa bordada con flores de lis. Saca los pañuelos que tiene y quédatela.
Hizo lo que le había indicado. A continuación, dijo:
—Date la vuelta ahora y mira qué guapa estoy.
Delante del espejo, la hiena se admiraba con el rostro de Marie. Se lo había comido todo cuidadosamente hasta el borde de la cara, de forma que quedaba justo lo que le hacía falta.
—Es verdad —dije—; lo has hecho muy bien.
Hacia el atardecer, cuando la hiena estuvo completamente vestida, declaró:
—Me siento en plena forma. Me da la impresión de que voy a tener un gran éxito esta noche.
Después de oír un rato la música de abajo, le dije:
—Ve ahora, y recuerda que no debes ponerte junto a mi madre: seguramente se daría cuenta de que no soy yo. Aparte de ella, no conozco a nadie. Buena suerte —le di un beso para despedirla, aunque exhalaba un olor muy fuerte.
Se había hecho de noche. Cansada por las emociones del día, cogí un libro y me senté junto a la ventana, entregándome a la paz y el descanso. Recuerdo que estaba leyendo Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift. Al cabo de una hora, quizá, surgió el primer signo de inquietud. Un murciélago entró por la ventana profiriendo grititos. Los murciélagos me dan un miedo espantoso. Me escondí detrás de una silla, castañeteándome los dientes. Apenas me había arrodillado, cuando un gran ruido procedente de la puerta sofocó el batir de alas. Entró mi madre, pálida de furia. —Acabábamos de sentarnos a la mesa —dijo—, cuando el ser ese que ha ocupado tu sitio se ha levantado gritando: “Con que mi olor es un poco fuerte, ¿eh? Pues no como pasteles.” A continuación se ha arrancado la cara y se la ha comido. Después ha dado un gran salto y ha desaparecido por la ventana.

Exposición en el MUMCI

Acá les dejo la info de una exposición a la cual no he ido pero prometo hacerlo prontísimo. Ya lleva un rato y no le queda mucho tiempo, así que aprovechen para darse una vuelta.
Si alguien ya fue, pues deje aquí sus comentarios.
Más detalles dándole click AQUÍ